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El cuadro de soporte de VitisBio Rioja acumulaba consultas de campo, avisos de laboratorio y solicitudes de visita sin un orden claro. La mayoría de las peticiones llegaban por teléfono o correo, se anotaban en hojas distintas y se perdía la traza de quién había respondido y con qué datos. En temporada de vendimia, ese desorden se notaba: técnicos repitiendo preguntas al viticultor y muestras de suelo sin identificar su parcela de origen.
La revisión no buscaba una herramienta nueva, sino ordenar lo que ya existía. Se partió de tres premisas: que cualquier persona del equipo pudiera ver el estado de un caso sin preguntar, que las muestras de raíz y suelo quedaran vinculadas a su viñedo desde el primer registro, y que las respuestas técnicas no dependieran de la memoria de quien las dio.
Decisiones que marcaron el trabajo
Antes de tocar nada se hizo un inventario de los tipos de consulta que llegan a lo largo del ciclo: análisis de micorrizas, dudas sobre cubiertas vegetales, seguimiento de bioestimulantes, incidencias en el sistema radicular. Cada tipo tenía un ritmo distinto y no convenía tratarlos igual.
- Separar consultas puntuales de seguimientos de parcela, porque no se resuelven en el mismo plazo ni con la misma persona.
- Fijar un identificador de viñedo que viaje con cada muestra desde la recogida hasta el informe.
- Dejar por escrito los criterios de cierre de un caso, para no arrastrar consultas resueltas durante semanas.
- Mantener el teléfono como canal principal para urgencias de vendimia, sin duplicar el registro manual.
Cómo se llevó a la práctica
El cambio se probó primero con dos técnicos y una sola zona de Rioja Alta durante un mes. Se eligió ese periodo porque coincidía con menos presión de campo y permitía corregir errores sin afectar a los viticultores. Los primeros días aparecieron problemas previsibles: campos que nadie rellenaba, informes que se subían con el nombre de la parcela mal escrito y avisos que se quedaban sin asignar.
Se simplificó el formulario de entrada hasta dejar solo lo imprescindible para identificar el caso. El resto de la información se fue añadiendo a medida que avanzaba el seguimiento, no al principio. También se acordó una revisión semanal breve para detectar casos parados, en lugar de esperar a que el viticultor volviera a llamar.
Qué se observó al cabo de la temporada
Al terminar el ciclo, el equipo podía reconstruir la historia de una parcela sin depender de correos sueltos. Las muestras de suelo y raíz llegaban al laboratorio con su referencia correcta y los informes volvían al viñedo correspondiente sin cruces. La revisión semanal sacó a la luz varios seguimientos que llevaban semanas sin respuesta y que antes se habrían quedado en el olvido.
No todo mejoró. La coordinación con los viticultores que prefieren hablar por teléfono sigue siendo manual, y en plena vendimia el sistema se satura si no se prioriza bien. Es un límite asumido: la herramienta ordena, pero no sustituye la conversación con quien trabaja la parcela.
La lección más útil de esta revisión fue sencilla: antes de añadir funciones, conviene saber qué consultas se repiten y por qué. En microbiología de suelos vitícolas, la información pierde valor si no se puede rastrear hasta el viñedo que la originó.
Si quieres entender cómo encajan estas revisiones con el resto del trabajo, puedes consultar las soluciones para viñedo o escribirnos desde la página de contacto.